Febrero 23 de 2012
Satanás III
Pedro nos advierte que Satanás “Anda como león rugiente buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Ésta es la descripción que hace la Biblia respecto al quehacer de Satanás, en el libro Job se dice que Satanás se presenta ante Jehová después de rodear la tierra y andar por ella. ¿No es de un desocupado trascendental andar de aquí para allá buscando hacer algún daño a alguien?
Obviamente Satanás es un ser del que los seres humanos nos debemos cuidar, él se ha burlado, ha avergonzado, se ha divertido y nos ha alejado de Dios. En pocas palabras, ha logrado su cometido y lo seguirá logrando en tanto nuestras mentes sigan adormecidas, mientras le sigamos aceptando en nuestros contextos, en nuestros eventos.
Satanás es la personificación de la mentira, la envidia, la prepotencia, el resentimiento, la amargura, el sectarismo, en fin. Sería de ciegos no percatarse de las enseñanzas de él, sin embargo, le hemos dejado instalarse en todas las áreas de nuestra vida, sea individual, familiar o comunitaria (incluyendo el contexto estudiantil, laboral, eclesial, etc.).
Ese ser patético del que les he venido hablando ha logrado traer el caos al mundo, ha logrado instalarse en las mentes de los opresores y de los oprimidos, ha logrado instalarse en las mentes del gobierno y del pueblo. Ese ser que no tiene poder alguno que valga contra Dios, ha logrado engañar al mundo haciéndonos creer que a él es quien debemos temer más que a Dios. Ese ser nos ha hecho creer que le podemos destruir y, por ende, no hemos actuado como debemos.
Asesinando a los guerrilleros, haciendo guerra espiritual, quemando a los herejes, y demás acciones que vayan en contra de nosotros mismos (los seres humanos) no son más que juegos que Satanás nos ha enseñado y con los cuales él se sigue divirtiendo. La Biblia es clara al decir “Someteos, pues, a Dios; Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).
No hay nada que el ser humano pueda hacer contra Satanás aparte de resistirle. ¿Qué significa resistirle? Básicamente, significa no participar de sus juegos, no seguir sus consejos, no mentir, no ser prepotente, no dejar que todo lo que a él lo caracteriza se inmiscuya en nuestras vidas, rechazarle tajantemente, no dialogar con él. ¿Podremos hacer esto? No sé, pero valdría la pena intentarlo.
Por: Daniel Tapiero.
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