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  Cuestiones del uso de la Escritura

Octubre 08 de 2011
Cuestiones del uso de la Escritura

Quisiera hablar hoy de un tema harto cuestionable en la Iglesia Cristiana, llámese Católica y Romana, llámese Católica y Protestante (reformada, histórica, etc), llámese Pentecostal Carismática, o simplemente Pentecostal Unitaria. Todas se jactan de ser en sí mismas "Evangélicas", cosa que podría enojar la intención de gracia que el Señor Jesucristo nos hubiera encomendado, pero no soy quién para juzgar este punto, simplemente quiero que tengamos en cuenta una cosa importante respecto a una de las básicas que tenemos todos como autoridad común: La Escritura.

Es bien conocido que todos los Cristianos andamos con una copia de las Escrituras para arriba y para abajo. Es parte de nuestra necesidad como evangélicos que pregonamos "Palabra de Dios" el conservar a nuestro lado tan importante guía para nuestra vida. Y es bueno que el pueblo tenga la oportunidad de leer estas palabras que nos dominan el espíritu y acaban con nuestras más ridículas pasiones. Muy importante también que en la Iglesia se nos diga que debemos leerla todos los días, y tal vez un tanto bueno que tengamos esa famosa guía para la lectura anual.

Qué curioso, que una cultura tan evangélica como la de leer la Escritura no se permita que la escritura le hable tanto como ella le ordena a la escritura. Y lo que más tristeza pudiera dar a quienes han sido tan movidos por la autoridad espiritual que tiene nuestra amada Palabra, es que ahora, en efecto, somos dueños de nuestra Biblia. Escuche detenidamente a esos chismosos hermanos que andan por ahí hablando mal de otros y argumentan con versículos aislados contra el prójimo. ¿Qué es esto? No es más que manipulación de lo que dice la Escritura y nada más.

Se nos ha olvidado el sensible espíritu con el que el Doctor en Teología y Reformador, quien pudiera darse tantas alas porque hombres como Spalatino le pedían guía en la lectura de la escritura, y que, sin embargo, se permitió responderle "al rogarme que te oriente en lo que concierne al conocimiento de la sagrada Escritura, me planteas un problema que excede con mucho todas mis fuerzas. Y es que ni yo mismo puedo encontrar quien me guíe en asunto de tanta trascendencia. Cada uno, incluso los más eruditos y mejor dotados de ingenio, opina a su aire." ¿No tiene toda la razón? Parece que cada uno de los que estudian tanto la Escritura, al saber tanto sobre ella, creen que precisamente "la manejan". Y si de algo uno pudiera fanfarronear es de conocer a gran escala los manjares que trae el griego, el hebreo, los comentarios, la filología, historia, sociología e incluso sicología a la hora de la lectura, y nos volvemos expertos en sacar razonamientos que tal vez no tengan que ver con la escritura y con sus múltiples obras en el espíritu que, en lo personal, resultan de mayor importancia que los bellos mensajes que nos elevan al cielo pero nos traen de vuelta en cuanto se acaban.

El mismo Lutero, aunque con algo de temor, responde a Spalatino con una prioridad a la hora de leer la Escritura: "Lo primero que has de tener presente es la certeza inquebrantable de que a la sagrada Escritura es imposible penetrarla a base de estudio y de ingenio. Por tanto, tu primer quehacer será el de empezar por la oración; pero una oración por la que le pidas que por su pura misericordia te conceda la inteligencia de su palabra si le agradara servirse de ti para su gloria, no para la tuya ni para la de ningún humano. Ningún maestro de las palabras divinas podrás encontrar que sea mejor que su propio autor, en conformidad con lo que dice: «Todos serán enseñados por Dios». Por tanto, te conviene sobremanera que desesperes de tu fuerza y de tu ingenio y confíes únicamente en la acción del Espíritu. Haz caso a quien te lo dice por experiencia."

Que no se nos olvide que la Escritura es un libro de comunicación de Dios hacia nosotros, no es un libro para que nosotros manipulemos el nombre de Dios con afirmaciones tan atrevidas como "El Señor me habló por medio de esta palabra" cuando realmente somos nosotros quienes estamos utilizando la Escritura sin respeto alguno para llevar opiniones a favor de las nuestras o para manipular al ingenuo y tierno creyente que nos pudiera considerar como Spalatino consideró a Lutero, un Maestro en asuntos de la fe.

Tras esto, cabe recordar lo que ya he dicho: No busques doctrinas en la Escritura, ni busques un tema específico, ni busques un mensaje en esencia. No permita que prejuicios manchen su entrada a la lectura de la Escritura, más bien entre con el corazón de un niño, inocente y sin mancha que espera aprender de su Padre todo cuanto le diga. Esta es la forma excelente de actuar frente a la escritura, recordando nuestra posición de sumisión a ella y al maestro Jesucristo que nos guía por su Espíritu. Podrás saber mil cosas sobre la escritura, pero si te acercas con ingenio y no con espíritu no te servirá más que para tus conjeturas, y a la verdad ¿No te encantaría que Dios te hablara?

Por: Th Carlos Fernández.

 






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